Página 1 / 3

El asesino

Cap. 4 — ANTONIO
Antonio no sabía cómo decir las cosas difíciles. Nunca había tenido que hacerlo.
Su vida, hasta ese momento, había sido una sucesión bastante razonable de decisiones normales: estudiar algo práctico, trabajar donde hubiera trabajo, compartir piso para ahorrar, tener parejas que no duraran demasiado pero tampoco terminaran mal. Todo lo suficiente como para no hacerse demasiadas preguntas.
Carlos era la excepción.
No porque fuera conflictivo, sino porque obligaba a pensar. Vivir con alguien que apenas ocupaba espacio hacía que Antonio se sintiera, a veces, exageradamente presente. Como si su propia voz sonara más alta de lo necesario.
Aquella noche, Antonio estaba sentado en el sofá con el móvil en la mano cuando Carlos entró. Carlos dejó las llaves en el cuenco de la entrada, como siempre, con ese cuidado casi ceremonial que tenía para los gestos pequeños.
Antonio levantó la vista.
—Oye —dijo.
Carlos se detuvo, aún de pie.
Antonio dudó un segundo. No mucho. Lo justo para que se notara que no era una conversación más.
—Mi novia se viene a vivir aquí.
Carlos asintió, por reflejo. Todavía no había entendido el final de la frase.
Antonio respiró hondo.
—Quiero decir… ya. Pronto.
Carlos lo miró, esperando algo más. Antonio notó esa mirada neutra, expectante, y tuvo la sensación incómoda de estar frente a alguien que no se defendía porque no sabía cómo.
—No cabemos los tres —añadió, finalmente.
El silencio cayó entre ellos. No fue violento. Fue práctico. Como cuando algo se rompe y no merece la pena fingir sorpresa.
—Vale —dijo Carlos.
Antonio parpadeó.
—¿Vale?
Carlos asintió otra vez.
—Buscaré algo.
Antonio sintió un pinchazo de alivio mezclado con algo que no supo nombrar. Quizá culpa. Quizá simplemente incomodidad.